Mi mejor amiga es mi espejo


Esta es mi foto predilecta. Mi hijita está con una medalla del jardín de infantes porque fue la corredora más rápida de su clase.

Yo la miro y sé desde el fondo de mis entrañas que ella es todo lo que yo necesito para sonreír, ella es suficiente ante mis ojos, así tal cual, con sus piernitas fuertes para correr.

No sé qué otros talentos escondidos traiga, con el tiempo se irán exponiendo. Algunos tal vez se manifiesten a sus 10 o 20 años, no lo sé, pero para mí ella ya es suficiente.

Qué triste sería sabotearle a mi mejor amiga. Meterle en la cabeza que para ser suficiente ella tiene que casarse, y con un hombre rico, o que debe ser ingeniera o doctora, y debe además tener una casa grande, un auto lujoso y ser delgada, piel bronceada, labios gruesos y alta.

Qué pena que yo le exija que para ser suficiente ella tiene que tener las mejores notas, sobresalir en todo y superarle a todos.

Esas programaciones son muy fuertes, en psicología los llamamos “condiciones de valor”, “para que seas esto, tú debes ser aquello”, y generalmente los creadores de esos cánones de éxito somos los padres.

A veces un hijo se recibe, pero no se casa y se siente fracasado, o es un gran profesional, con valores éticos, pero no tiene un auto lujoso, y se siente menos.

Los complejos y las frustraciones más rígidas que tenemos surgen de las programaciones de infancia.

A mi hija le digo que es talentosa e inteligente, pero no le digo constantemente que es bella, para que no sobrevalore la belleza y se mate con dietas o caiga en las modificaciones cosméticas sin poder parar, y así deje de cultivarse intelectual y espiritualmente.

Sin embargo quiero que crezca confiada y se sienta segura en un mundo que es profano y materialista, en el que para valer “necesitas ser esto y necesitas tener aquello” o "verte así y asá" en el que imagen corporal es el mayor problema de salud mental en las mujeres jóvenes.

Pero para evitar todo esto ella necesita tener las anclas bien firmes, sentirse que es suficiente, que ella vale la pena y que lo que quiera lo pueda conseguir con sudor y esfuerzo.

Si no lo consigue pues vendrán otras cosas, de eso se trata la vida, de disfrutar la pieza musical y las demás canciones, no se trata de los grandes finales y objetivos, objetivos y más objetivos, que no te permiten disfrutar de la puesta de sol, de un café con tu madre, de un rato de oración, o la paz interior que tú mismo puedes generarte.

Enseñémosle a nuestros hijos a procesar sus emociones y a auto valorarse, sin medirse en objetos que generan estatus social y para eso debemos disminuir las condiciones de valor que les imponemos.

Sobre la Autora: Doraliz Aranda escribe desde Derby-Inglaterra. Ella escribe sobre salud mental y emocional en la vida y en el trabajo luego de su propia experiencia con estos problemas. Para acceder a su libro "La llave" por favor visita www.doralizaranda.com

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