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Metamorfosis.

  • 18 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 5 feb

Estoy en una metamorfosis, y como toda metamorfosis es muy profunda, por eso me retracto de escribir.


Me paso mostrando fotos de mi vida real para ganar tiempo, porque me doy cuenta que necesito más vida real que online.


Como siempre me gusta desafiar los estereotipos de felicidad que tenemos programados, muestro una vida claramente fuera de lo convencional que para mí y mi familia funciona bien.


Pero necesito cambiar, como todo está cambiando tan rápido en esta era de la inteligencia artificial y nos guste o no, también la era de la prepotencia, la era Trump.


Noto un mundo que está en un tren de alta velocidad y nadie sabe la estación final en donde habremos de bajarnos todos.


Nadie sabe la dirección hacia dónde se dirige el tren tampoco, o si hay una estación final agradable o si habremos de chocar contra una pared de cemento todos.


Pero estamos en el tren, sin importar si lo consintamos o no.


La inteligencia artificial está siendo impuesta, un desarrollo tecnológico que funcionaba muy bien para hacer investigaciones, y acelerar procesos científicos, pero tontamente la hemos traído en otras áreas de la vida humana.


Toda inteligencia sin sabiduría, sin buen juicio y en las manos incorrectas termina siendo una inteligencia de brutos.


La historia nos lo ha demostrado esto en más de una vez, como la bomba atómica, o los celulares que trajeron consigo sexting y adicción desconectándonos unos de otros. O el internet que trajo aparejado las estafas online, ciberacoso, pornografía, acceso no autorizado a datos.


Sin embargo, nos acondicionaron a creer que toda tecnología es amigable.


Ahora ocurre algo similar con la inteligencia artificial, una inteligencia que accede a una gigantesca base de datos, que puede proporcionar información certera, y cuando no sabe – divaga - pero te presenta igual la información. Queda bajo tú responsabilidad averiguar si la información es certera o no, y pagar las consecuencias cuando no.


Nadie habla de que la cosa miente, (y sabe mentir) o acelera el desarrollo, al punto que un estudiante accede a datos que debería de saber sólo un master, con la diferencia de que el estudiante no ha adquirido la experiencia de vida para aplicar aquel conocimiento con sabiduría.


Estos sistemas operativos están bajo tierra, necesitan del frio para mantenerse operando y necesita de enormes cantidades de energía eléctrica para subsistir. Ni hablemos de los minerales que se requieren para su materia prima, algo que está llevando a una guerra global por recursos minerales hasta en Groenlandia.


Pero lo han llevado hasta el terreno de la música, basta con entrar a YouTube y se encuentran en casi todos los videos como música de fondo, que al escucharlos alcanzan nota por nota, tienen la melodía y el ritmo correctos, pero no generan la impresión ni fascinación sino causan sueño.


También se la utiliza para leer audiolibros, pero cuando leen están en la misma frecuencia. Sin la modulación de la voz te desconecta de la historia, porque la voz humana tiene altos y bajos, silencios y exabruptos cuando hacen falta.


Un error del que vives para arrepentirte es si le dejas a esta tecnología sola con tus hijos. Lo pueden evidenciar las familias que están intentando llevar a la corte a estas industrias que pasaron como amig@s o novi@s online de sus hijos llevándolos a una muerte temprana.


Pero luego las familias se dan cuenta de que pelean contra algo titánico que tiene hasta injerencia política y no está ni mínimamente regulado en ningún país, porque los gobiernos son cíclicos, cambian de cabeza y partido cada cierto año… y “cambia, todo cambia”, como la canción.


Pero esta tecnología sigue avanzando geopolíticamente sin detenerse o ser propiamente regulado.


A veces me pregunto si hemos ingresado a un agujero negro.


Pero sigo confiada en la pregunta que se hizo el Dr Bruce Lipton, quien desarrolló la biogenética… él se preguntó ¿Y si nacimos en el Eden?


Como humanos, ¿cómo podemos servir al de alado en estos momentos?


Un momento de soledad como nueva pandemia, en el que el arte imperfecto vuelve a tomar relevancia, en la que un abrazo cuenta, un momento sentado alado de otro humano charlando de anhelos puede darle un sabor agradable a tu día, o un contador de historias humano puede ser escuchado, mucho más que antes.



Sobre la Autora: #DoralizAranda es autora, escritora y consejera psicológica para adultos y adolescentes, proveyendo Terapia Rogeriana, Terapia para Depresión y actualmente es Terapeuta EMDR en entrenamiento. Doraliz ha experimentado problemas en su salud mental en el pasado, lo que ha inspirado sus libros sobre el tema, y también este blog para promover el autocuidado con simples pasos, pero constantes.

Ella es miembro Acreditado del British Association of Counselling and Psychotherapy (BACP) en Inglaterra, y escribe desde Derbyshire. Visita www.doralizaranda.com 



 
 
 

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