El temor a salir de casa.
- 1 may
- 4 min de lectura

Hace muchos años experimenté un ataque de pánico en un lugar del que no pude salir, fue un espanto que duró varias horas.
Cuando finalmente salí me resultó difícil retornar a ese lugar, lo asociaba con aquel miedo a la escala de terror.
Ingresé así al primer paso de la “evitación”, algo que hace que una ansiedad crezca exponencialmente.
Luego de un tiempo comencé a evitar entrar al supermercado, al cine, shopping, o edificios altos con ventanas herméticamente cerradas, elevadores…
Fui evitando todo lugar donde significase que salir fuera más complicado o llevase más tiempo.
Estaba experimentando claustrofobia, el miedo a sentirse encerrado en espacios cerrados.
La aglomeración de personas también lo evitaba, por si me imposibilitaban acceder a la salida.
Me fui dando cuenta que la consecuencia de aquel primer incidente se estaba propagando en más ámbitos de mi vida y no se detendría, al punto que me estaba generando un efecto que en ese momento para mí fue imperceptible, el dejarme encerrada en casa.
Con esto pasaba a agorafobia, mi casa era mi único lugar seguro, no quería salir afuera o hacerlo sola.
Al cabo de unos meses asistí a mi primera psicóloga, alguien que me dio instrucciones precisas sobre cómo ir disminuyendo las dificultades que me estaba generando este problema.
Pude acceder al servicio de aquella psicóloga. Ella me dio instrucciones precisas, pero naturalmente no podría acompañarme a esos lugares, ese trabajo lo tenía que hacer yo, sería en vano que ella lo hiciese por mí, pero hacerlo yo, me generaba terror.
Y con tanta evitación había desarrollado “miedo al miedo”, miedo a otro ataque de pánico, miedo a perder el control.
Pasó un buen tiempo.
Pero llegó el momento en el que debía desarrollar valentía para intentarlo y me propuse vencer. Estaba en el extranjero y debía trabajar, aunque en aquel momento el trabajar desde casa me ayudó a demorar enfrentar mis miedos.
Hasta cierto punto uno puede “hablar” sobre su problema en terapia, pero llega un punto en el que tienes que “actuar” para vencer el miedo e ir efectuando una “exposición gradual”. Esa parte lo trabajé con otro terapeuta cuando finalmente me atreví.
Exponerse a las situaciones que temes es trabajar a nivel conductual.
Fue una tarea difícil, se me aceleraba la respiración, sentía palpitaciones, sudoración en las manos, las piernas temblorosas, y todo aquello me acobardaba.
Sé que la mente a veces te dice “no” “no” y es “NO”.
Pero debía trabajar y persistí, y recordé lo que la primera psicóloga me había instruido. Ella hoy ya no está vida, pero lo que me dijo fue muy útil.
“La amígdala del cerebro maneja los centros de miedo allí, es muy pequeñita como un manís, pero tiene mucho poder y es la que te da ataques de pánico o te paraliza. Tu amígdala quedó asustada la primera vez y esta hiper-alerta. Sin embargo, está haciendo lo mejor que puede para mantenerte viva. Cuando te expongas a tu miedo es un día a la vez, poco a poco. Vete a mirar el lugar que temes en la distancia, al día siguiente acércate un poco más. No importa si te lleva un mes o más completar el proceso, pero regresa al día siguiente. Cuando vayas, lleva un pequeño equipo contigo, lleva un perfume con rica fragancia que puedas oler si te sientes angustiada, o un caramelito cuando se te seque la boca, y agua, también música para escuchar y hasta un cuaderno para escribir, siéntate en donde se pueda y escribe, eso tranquiliza. Cuando vas a una exploración, hay que ir con el equipo adecuado. Es que cuando la amígdala del cerebro se activa, se la desactiva utilizando cualquiera de los sentidos, el olfato, el sentido gustativo, el auditivo también. Mientras tú sigue intentando tu exposición. Puedes pedirle a alguien de confianza que te acompañe, no importa si ese acompañante cambia, pero tú ve siempre al mismo lugar hasta que tu cerebro se sienta seguro allí y sigue avanzando hasta entrar.”
Ese consejo fue un botín de oro, que también se aplica cuando tienes un ataque de pánico en la noche, "activa tus sentidos".
La siguiente terapeuta con quien trabajé la parte conductual me dijo “Si tienes un accidente serio de carretera vas a necesitar reaprender a caminar. Cuando has vivido un psico-terror debes reaprender a tolerar. La exposición hace eso, te ayuda a tolerar de nuevo y a darte cuenta que no te ha pasado nada y que puedes hacerlo.”
Así fue, fue reaprender a tolerar mis propios nervios, y el saber cómo calmarlos con los sentidos.
Hoy pienso, el quedarme encerrada en casa hubiera sido quedarme a comer papas todos los días, pero el menú de la vida es más amplio.
Una vez que vencí el temor al primer lugar, ingresé sin dificultad en los siguientes, mi amígdala se había vuelto más tolerante, y con eso se fue calmando.
Y algo importante, recuperé mi vida y a mí. Todo este complejo sufrimiento me animó a cambiar de carrera y a reentrenar en salud mental.
Sobre la Autora: DoralizAranda es autora, escritora y consejera psicológica para adultos y adolescentes, proveyendo Terapia Rogeriana, Terapia para Depresión y actualmente es Terapeuta EMDR en entrenamiento. Doraliz ha experimentado problemas en su salud mental en el pasado, lo que ha inspirado sus libros sobre el tema, y también este blog para promover el autocuidado con simples pasos, pero constantes. Ella es miembro Acreditado del British Association of Counselling and Psychotherapy (BACP) en Inglaterra, y escribe desde Derbyshire. Visita www.doralizaranda.com




















Comentarios