Cadena de eventos

Algunos días de la semana me toca llevarle a mi hija a la parada del bus que la lleva el colegio.
El jueves fue uno de esos días. Llegamos a la parada como siempre unos minutos antes.
Pasaron diez, luego veinte minutos y el bus no aparecía. Desde mi auto vi como los estudiantes de otros colegios fueron subiendo a los diferentes buses de sus colegios respectivos.
Pronto noté que mi hija era la última aguardando su colectivo.
De pronto la vi retornar al auto de prisa, una compañera le había avisado en el celular que el bus había cambiado de ruta, el conductor era nuevo y claramente no había pasado por nuestra parada.
No me quedó de otra que llevarla al colegio, refunfuñando porque iniciaba el horario pico de la mañana para cruzar la ciudad.
Logramos llegar al colegio, mi hija bajó del auto y yo emprendí el camino de regreso.
Pero al encontrarme en un punto diferente de la ciudad y siendo hora pico, decidí emprender otra ruta.
Todo el trajín me había retrasado un poco más de media hora de mi horario habitual de retorno.
Ya cerca de casa noté la fila de autos que se iban desviando, noté dos ambulancias y un grupo de policías alrededor de un auto accidentado, parecía que deseaban liberar a alguien que había quedado atrapado entre los metales, pero no conseguí ver bien lo que estaba pasando, debía movilizarme con el tráfico.
En algunos minutos, ya dentro de la casa, escuché un helicóptero volando bajo, salí a mirar y noté el helicóptero de emergencia en el área.
Podía deducir que venía por quien había quedado herido y todo indicaba que era de gravedad ya que solo vienen cuando se trata de emergencias severas, y alguien necesita ser llevado a unidades especializadas de otras ciudades.
Aquello era insólito, porque estábamos en plena ciudad, ¿cómo aterrizaría?
Noté en las siguientes horas un tráfico intenso y lento debido al bloqueo que había generado el accidente.
Al caer la tarde hice mi ejercicio de gratitud por el día, a pesar de que todo había comenzado mal el día acabó normal. Pero en ese momento tomé conciencia y algo me apretó el pecho.
Bus que no había venido, conductor nuevo, le llevé a mi hija al colegio, media hora de atraso, cambié de ruta, o si no esa iba a ser mi ruta y alrededor de la hora del accidente iba a estar en ese mismo punto.
Me inundó una emoción intensa que acabé llorando.
No sabemos, pero una cadena de eventos desfavorables, pudieran en realidad estar cambiando el rumbo de las cosas para bien.
Gratitud por cada día es en verdad apreciar el regalo de la vida.
En el diario online leí que tres personas habían quedado gravemente heridas, una se encontraba caminando en la vereda y le alcanzó uno de los autos.
Los accidentes pasan... nada está garantizado.
Sobre la Autora: DoralizAranda es autora, escritora y consejera psicológica para adultos y adolescentes, proveyendo Terapia Centrada en la persona, Terapia para Depresión y Terapeuta EMDR. Doraliz ha experimentado problemas en su salud mental en el pasado, lo que ha inspirado sus libros sobre el tema, y también este blog para promover el autocuidado con simples pasos, pero constantes. Ella es miembro Acreditado del British Association of Counselling and Psychotherapy (BACP) en Inglaterra, y escribe desde Derbyshire. Visita www.doralizaranda.com




















Comentarios