Un acto de miedo o un acto de fe


La vida te puede llevar al borde de un abismo, en el que ves con claridad la profundidad de un enorme hoyo, pero a la vez puedes vislumbrar desde donde estás la otra orilla, donde quisieras estar.

Para conseguir nuestras metas, muchas veces nuestro espíritu se pone a prueba y debemos atravesar grandes obstáculos que representan un abismo en nuestras vidas, debido al miedo, la incertidumbre y la inestabilidad que representa la situación.

Durante la última parte del año pasado mi gran desafío fue admitir que estaba en una relación sin vida y lo he estado por al menos dos años, donde el fuego se había apagado y donde reinaba una apatía sórdida que inundaba toda la casa, de día y de noche.

El miedo naturalmente apareció como una sombra que me seguía a todas partes cuando empecé a pensar en una separación. El miedo puede hacerte caminar en la misma orilla de ese abismo una y otra vez, y no te atreves a saltar, porque obviamente sabes que no hay tierra firme adelante.

No sabes si terminarás perdiendo todo lo que conseguiste con tanto esfuerzo pagando honorarios legales, si perderás la custodia de tus hijos, el juzgamiento social que tiene su impacto, o si vivirás interminables momentos de angustia con acusaciones injustas, idas y vueltas a tribunales, falta de sueño, depresión, la lista es larga de lo que “podría” ir mal.

Muchos deciden por eso quedarse en la misma orilla y permanecer en una relación acabada. Pero eso también tiene un costo emocional, el decidir permanecer en la apatía y las ganas, en el que cada día será igual al anterior, más apatía y desgano.

Otras veces anestesiamos el deseo de cambio con aventuras, mentiras piadosas que no solamente le desorientan a los seres que amamos, sino también nos quedamos en deuda con nosotros mismos, le perdemos respeto a nuestro propio cuerpo y emociones. Pero sobre todo no le honramos a las personas que han depositado un gran voto de confianza en nosotros, nuestras parejas y nuestros hijos.

Esas aventuras lejos de ayudarnos a resolver la raíz del problema, crean otras capas, placer, a riesgo de ser descubiertos, y mentiras que hay que sostener. Luego la nueva relación también pierde significado y de vuelta a una vida vacía.

Es que la conexión sexual es la menos duradera en el ser humano.

Otras personas van al doctor y se consiguen la pastilla mágica, que lejos de ser mágica establece suelo fértil para una adicción a los medicamentos prescriptos, donde la paleta es amplia gracias a las industrias farmacéuticas que han aprendido a lucrar hasta con las vidas desdichadas, aquí entran las pastillas para dormir, ansiolíticos, relajantes. Ni hablemos del alcohol, o las otras drogas ilegales.

Y estos son los ACTOS DE MIEDO, las traiciones, las aventuras amorosas, las mentiras, las píldoras que nos permiten mantener una seguridad falsa, como el sediento delirante que vé el espejismo de un oasis en el desierto y corre desesperado hacia ella, pero no hay nada.

Sin embargo a veces, nuestras ilusiones y esperanzas son tan grandes que nos atrevemos a poner el primer pie sobre el abismo, luego el segundo, y el tercero, y resulta que no caemos en ningún poso imaginario.

Lo que nos empujó fue un ACTO DE FE, el esperar que todo saldría bien, de que alcanzaremos la otra orilla, de que el cambio será positivo y trasformador, si aprendemos a jugar un juego de largo plazo.

Allí te sientas y hablas con franqueza con tu marido o esposa, lo cual no te redime del dolor, ni la pena. Alguien quiere irse y la otra parte no está de acuerdo. Hay alguien con esperanzas de felicidad y el otro piensa que se debe enfrentar a la desdicha, pero al menos actúas de buena fe y honestidad, sin insultar, denigrar, degradar o engañar al otro.

Sabes que si te vas dolerá, si te quedas también.

En mi caso, gracias a un actuar franco, no necesitaremos mal vender bienes para pagar cuentas legales, ni desmembraremos emocionalmente a nuestra hija.

Mantendremos las cosas como están, que finalmente son el resultado de años de trabajo y esfuerzo de ambas partes, eso hay que honrar. Y permitirle desarrollar fuerza emocional a nuestra única hija es nuestra mayor prioridad.

Los hechos fácilmente develan si tus actos son de fe, o de miedo y las consecuencias lo reflejan también.

Por ello, hay que jugar cuidadosamente un juego de largo plazo, es decir, debes hacer todo lo posible para no dejar perdedores que paguen las consecuencias de tus actos.

Sobre la Autora: Doraliz Aranda escribe desde Derby-Inglaterra. Ella escribe sobre salud mental y emocional en la vida y en el trabajo. Visita www.doralizaranda.com

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