Para quien no se atreve


Un día un profesor dice en la clase “Nadie se casa con el amor de su vida”. Antes que una simple frase, sonaba como una sentencia.

Luego de un tiempo, una amiga, ya en edad adulta, me cuenta que había asistido a una clase de metafísica y el maestro le pidió al grupo efectuar una meditación grupal.

En un momento el maestro de meditación les pide visualizar el rostro de la persona con quien hubieran deseado pasar el resto de sus vidas.

Mi amiga comenzó a escuchar el sollozo de un compañero, luego otro y otro. Me contó que no hubo una sola persona que no llorase durante aquel ejercicio.

Siempre me intrigó este punto del amor romántico. Entender por qué a la persona a quien amamos tanto, no siempre nos corresponde con el mismo cariño en el momento en el que lo deseamos.

Pero es un tema que entiendo un poco mejor hoy en día. Cada uno tiene su propio viaje para entender la vida y las cosas no siempre ocurren de forma sincronizada cuando hablamos de afecto.

Pero en verdad, que honor que alguien nos entregue su amor, un sentimiento involuntario y genuino, que lo vuelve incapaz de dañarnos o desearnos un mal. El amor potencia.

El gran poeta Rumi decía en el siglo XIII "Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti mismo que has construido contra él".

Hace un tiempo salí con un grupo de amigas, y en el grupo estábamos una mezcla de solteras y casadas. Fuimos a tomar unos tragos a un conocido bar de mi ciudad.

Una de ellas, la más guapa, me dice en un momento: “Mira aquel muchacho tan lindo” y le veo en la barra a un hombre conversando entretenido con otro muchacho.

El muchacho era realmente muy atractivo.

Le digo a mi amiga: “Sostenme el trago” y desaparezco entre la gente.

Llego a la barra, le toco el hombro al muchacho y le digo “HOLA ¿Es este tu novio?” El muchacho con cara de espanto me responde “Noooo” y le pido que me siga.

Lo traigo frente a mi amiga y se lo presento. Sin embargo ella se queda pasmada, paralizada, se disculpa y va al baño a los pocos minutos.

Luego me dice “Pero no, qué van a pensar de mi!” y no ocurrió nada, a pesar de que ambos estaban solteros y disponibles.

Esto ocurre muy a menudo, nos invade la inseguridad, el miedo a qué va a pensar la gente, el miedo al rechazo, el miedo al riesgo, el miedo a nuestros mismos sentimientos.

Nadie olvida a la persona que le ha dicho “TE AMO” en algún momento.

La vida tiene sus ciclos, las relaciones cambian, los matrimonios terminan, la gente se aburre o las emociones simplemente se evaporan y allí vuelve el rostro de quien en su momento te habló de una emoción muy fuerte.

Yo soy partidaria por ello que en el campo del amor romántico no hay que temerle al rechazo. Todo es temporal y les puedo asegurar que las personas que se casan por estatus, seguridad financiera, razones sociales o académicas, donde el amor está al final de la lista, en menos de un año se sienten solas y aburridas.

Uno puede sentirse solo en una relación, y eso es una realidad en la vida de muchas personas que están en pareja. Lo escucho todo el tiempo.

Asi que nunca temas hablarle de tus emociones a alguien.

Hablarlo es muy liberador, aunque no tengas ni un centavo, ni cuchillo para cortar las tortillas, o te tiemblen las piernas, dílo. Dios está de tu parte.

Sobre la Autora: Doraliz Aranda escribe desde Derby-Inglaterra. Ella escribe sobre salud mental en la vida y en el trabajo. Visita www.doralizaranda.com

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