Un asunto de vida o muerte.


Para mi primer libro “La llave” le había entrevistado a una mujer que perdió su marido debido a un suicidio y me dijo “hay noches que imagino que viajo en el tiempo y le detengo”.


Quienes leyeron “Las llanuras del Alma” también sabrán que el primer muchacho de quien me enamoré en la adolescencia se había quitado a la vida en 1990, y quedé con tal impacto con la noticia que ni sabía que llevaba conmigo una herida que casi 30 años después lo curaría en terapia.


Creo que todos en algún momento nos hemos visto en la difícil situación de no saber qué decirle a alguien cuyo familiar o amigo tomo la decisión de apretar el botón de escape.


El dolor que queda atrás es insoportable, es devastador y no se va con el tiempo.


Porque conozco de ese dolor, y también conozco de la posición de estar con el dedo listo para apretar el botón de escape debido a una enfermedad llamada “depresión posparto” (algo que le afecta a una mujer independientemente de si es risueña o no), y he efectuado este video, para aquel que está contemplando esta idea, que piensa que la vida no vale la pena vivirla, para quien ha perdido la ilusión de vivir.


Yo estuve al borde del abismo, y mucho más que eso, me arrojé, pero por esas cosas misteriosas me salvaron. Me salvó alguien de una línea de emergencia, un paramédico, un médico de emergencias, un cirujano, un clínico que me fue medicando y una psicóloga.


Tuve un gran equipo que me ayudó a transitar el camino de regreso a la vida, que me reconectó con las ganas de vivir, y todos los hicieron de manera gratuita, porque tengo la fortuna de vivir en un país en donde el servicio de salud funciona y es gratuito, siempre y cuando destines el 30% de tus ingresos anuales a pagar tus impuestos.


Pero también me ayudó mi madre, mi entonces marido, mi hija, mi amiga Liliana que me dio acompañamiento espiritual, mi amigo Pedro que me hacía reír, y así me fui reconectando.


Hoy me despierto y camino en las mañanas, veo lo hermoso que es el mundo, volví de mi exilio y disfruto del sabor de las comidas, del olor de las hierbas del jardín, de la humedad de la lluvia en mis manos y puedo decirles que estar vivo es un gran regalo.


En mis materiales hablo de las terapias que ayudan a reestablecerse, terapias ancestrales que utilizaron nuestros antepasados para sobreponerse de la melancolía, de la perdida, de la soledad o de la angustia, porque sé que no todos pueden acceder a médicos, pero también porque sé que no siempre las pastillas funcionan, pero no solo las pastillas son el camino para reconectar con la alegría de vivir.


Sobre la Autora: Doraliz Aranda escribe desde Derby-Inglaterra. Es autora de 4 libros sobre salud mental y emocional. Para más información visita www.doralizaranda.com/inicio

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