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Cuando el cuerpo nos habla

  • 2 sept 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 5 feb


Llevo una semana con una gripe muy fuerte y me he quedado en casa reposando. Había trabajado mucho los meses anteriores.


Pero he normalisado el cansancio y el estrés.


Tal vez la gripe es una manera de mi cuerpo de decirme “basta, descansa”.


Es que el cuerpo habla, te manda mensajes, latidos acelerados del corazón, alergias, respiración superficial, dolor de cabeza, o una gripe que te tumba.


En ese proceso he estado reviendo archivos, escuchando entrevistas y me topé con una efectuada en el 2016 a una psiquiatra que había conocido en el 2014.


Ella me había dicho algo que en el momento me produjo una reacción muy incómoda, porque estábamos conversando sobre la muerte de mi hijo en el 2009, y me dijo: “Creo que tal vez tú te habías quedado con depresión y no te diste cuenta”.


Abrí grande los ojos al escuchar semejante cosa y me dije a mí misma, “¿pero cómo no me voy a dar cuenta de algo como eso?!”. Su comentario me pareció un absurdo.


O tal vez me hizo mirar un espejo muy doloroso de mirar.


La vida también da golpes muy fuertes, de los que cuesta recuperarse, o fallas en dimensionar correctamente el impacto que ha tenido sobre ti una experiencia.


Entendiendo que no todas las depresiones son severas, algunas son moderadas, donde cuesta más detectarlas. Están bien disfrazadas, no se manifiestan fuertemente pero tampoco se van, otorgándole matices grises a tu vida.


Tenía 30 años cuando murió mi hijo. Hasta los 34 años mi vida transcurrió sin grandes sobresaltos, no tenía metas definidas, ni ambiciones o proyectos, mis días eran iguales.


Asistía como siempre a mi mismo empleo, era dinero seguro a fin de mes, y era fácil hacerlo.


La depresión a veces se aúna con nuestra vida y no la notamos cuando pensamos que la vida adulta se siente así. Vivimos con apatía... no quieres irte al trabajo pero te vas igual, porque es lo que hay.


Los fines de semana te abandonas a mirar un film tras otro (binge-watching), o te abandonas al buen comer (binge-eating), o vas de fiesta a beber demás con amigos (binge-drinking), que son todos síntomas de que algo no marcha bien, y son formas también de enmascarar.


Pasas a vivir en un teatro lleno pretenciones que a la larga se convierte en una zona de insoportabilidad debido a esos tenues colores grises presentes, que parecieron llevaderos, y allí estuvo la trampa, porque no se quedaron ahí, sino silenciosamente fueron progresando y se apoderaron de ti.

Por supuesto, es bueno tener una vida serena y plácida, pero no hay que confundir serenidad con falta de novedad y desafío en tu vida, o vivir con dejadez.


Generalmente actuamos cuando la depresión se ha vuelto una sombra oscura insostenible, pero comenzó en algún lado. Es fácil ignorar alarmas hoy en día, tenemos muchos distractores, o lo empastillamos para hacerlo más cómodo.


Sin embargo, el cuerpo nos grita su malestar de diferentes formas, y son alarmas que hay que prestarles atención. Siempre traen un mensaje.





Sobre la Autora: Doraliz Aranda es una Consejera Psicológica calificada, escribe desde Derby Inglaterra. Este es un extracto de su audiolibro “La Llave para salir de tu prisión mental de estrés, ansiedad o depresión" (escrito desde la perspectiva de una paciente recuperada)" SEGUNDA EDICION, para ayudarte a gestionar mejor tu salud mental en momentos de crisis e incertidumbre.

El audiolibro lo encuentras exclusivamente en Audible.com










 
 
 

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