top of page

De una ex-paciente a otro

  • 14 feb 2021
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 ene


Cuando mi primer tratamiento falló sentí miedo. Mi depresión era una depresión agitada, sentía hormigueos en los brazos y en las piernas, y una aflicción insoportable que hacía que quisiera salir de mi casa corriendo.


Depresión es como vivir en un desierto. La ansiedad es como estar perdido en una jungla llena de peligros. Experimentar ambos a la vez es el infierno mismo.


A la depresión posparto se lo llamaba por ese motivo antes “depresión agitada”, es vibrante en el organismo y espantosa en la mente.


Pero hay muchos tipos de depresión, y grados de intensidad, ya sea leve, moderado o severo.


No tenía idea de lo que me ocurría, cada vez me preocupaba más y más, mi mente se estaba divorciando de mi cuerpo.


Me dieron una medicación unas semanas antes y pensé que me ayudaría, pero lejos de ayudarme en mi recuperación aquella pastilla me hacía sentir encapsulada, atrapada en mi sufrimiento.


Luego dejé de sentir pena, pero también dejé de sentir alegria, me sentí plana sobre una nube.


Pero confiaba ciegamente en mi siquiatra que no cuestioné su prescripción médica. Sin embargo, en un par de semanas me encontré en un estado suicida.


Nunca tendré la respuesta absoluta, si llegar hasta aquel punto se debió a la enfermedad en sí misma o a la pastilla que no funcionaba, o cuya interacción con mi organismo me lejos de ayudar, me empeoró.


Hoy sé que debemos prestar mucha atención al cuerpo y mente mientras tomamos un medicamento para ver si surge efecto, o si los efectos colaterales nos empeoran. Algo que resulta un desafío, porque la enfermedad en sí misma agita.


Para mi suerte, el tercer tratamiento funcionó y comencé a sentirme mejor ni bien empecé a dormir, y todo el torrente de agitación comenzó a calmarse con el paso de los días, así comenzaría el largo recorrido de dos años que tomaría mi recuperación.


En ese tiempo tuve muchas preguntas, eran tantas que no me podían responderse todas. Más surgían con el paso de los días y ciertas situaciones desataban más preguntas. Hubiera agradecido que alguien con una experiencia similar hubiera podido conversar conmigo para calmarme.


Por eso creé un conjunto de videos para alguien que tenga preguntas, o para un familiar que no sabe cómo ayudar a un ser querido, donde cuento situaciones puntuales que fueron brotando durante mi recuperación y que solo alguien que ha estado en ese lugar lo puede narrar.


Uno se preocupa, desespera, se vuelve impaciente, no entiende, por eso tener algunas respuestas puede calmar la angustia y ayudar a mantener las esperanzas hacia un futuro de sanación.


El conjunto de videos lo encuentran en mi canal de YouTube bajo el título “Notas Personales”.


Aquí se encuentra uno de ellos y te deseo una buena recuperación.


Sobre la Autora: Doraliz Aranda escribe desde Derby-Inglaterra. Es autora de 4 libros sobre salud mental y emocional. Para más información visita www.doralizaranda.com/inicio

 
 
 

Comentarios


Redes sociales
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
bottom of page