Cuando la preocupación nos desborda afectando nuestro sueño y salud

Eran las 12:00 del mediodía cuando el Señor Augusto salió de su casa dispuesto a quitarse la vida.

Desde hacía 3 meses le rondaba la misma preocupación, ¿qué pasaría de su familia una vez que él falleciera?, ¿quién los mantendría?, ¿quién les proporcionaría un seguro médico con tanta cobertura como el que él tenía?

Luego de su muerte, el seguro médico de su antiguo empleo se extinguiría, en un país donde el servicio médico privado es muy costoso y el nacional no es eficiente.

Esta preocupación se convirtió en un quebranto constante, fue creciendo hasta que se convirtió en una realidad en su mente, y así en su vida. Augusto vivía en el futuro, un futuro cada vez más macabro y perdió el control sobre aquellos pensamientos.

Aquel día fue a la ruta principal de su ciudad a mirar pasar a los autos y colectivos, calculando en qué momento debía arrojarse frente a alguno, pero un temor le invadía. Si la cosa salía mal y sobrevivía su intento de suicidio y quedaba en cama o en coma permanente. Ese temor hizo que no se atreviera aquel día. Giró y regresó por el mismo camino que lo había llevado hasta aquella ruta.

Aún se encontraba lejos, cuando tropezó con un vecino a quien le confesó entre llanto “Me siento muy mal, siento mucha angustia, no aguanto más, quiero quitarme la vida”.

Aquella confesión hiso que su vecino lo socorriera, volviera a casa con él y le entregara una pastilla tranquilizante, la misma que él utilizaba, porque también aquel vecino padecía de ataques de pánicos ocasionales.

El Señor Augusto tenía 80 años, había llegado a un muy buen puesto ejecutivo y se había jubilado hacía 10 años. Tenía su propia casa, una jubilación buena y segura, un buen seguro médico que le cubría casi todo, y una familia que lo quería, pero las preocupaciones lo abrumaban.

Al regresar a casa, su familia lo estaba buscando despavorida por el vecindario, ya que el candente sol de verano difícilmente permitía salir de la casa.

A la semana siguiente, Augusto volvería a intentarlo, volvería a la misma ruta para nuevamente buscar agallas, de nuevo no se atrevió y regresó a casa. Allí se encontró con otro vecino quien lo socorrió de una manera diferente.

Fue así que el Señor Augusto fue llevado directamente a un psiquiatra para ser recetado con una medicación que tomaría por un breve periodo de tiempo, que lo ayudaría a lidiar con su problema de falta de sueño y lo tranquilizara un poco durante el día de tanta preocupación y angustia.

Luego fue transferido a una psicóloga para hablar de aquella preocupación que lo estaba consumiendo, "su muerte y las consecuencias para su familia", que lo había llevado paradójicamente a un estado suicida.

La psicóloga lo escuchó con atención, le efectuó un test y lo diagnosticó con Trastorno de Ansiedad Generalizada.

El Señor Augusto estaría en estado suicida por dos semanas, ante la constante vigilancia de su esposa, pero una vez que trató con una psicóloga comenzó su recuperación. En treinta días dejó de asistir a las sesiones, su vida había recuperado la normalidad y su medicación comenzó a ser reducida gradualmente, aunque quedaría con un antidepresivo.

Esta historia es tristemente real, y me lo fue narrada por el protagonista, alguien que vive en San Lorenzo Paraguay, a quien he colocado el nombre ficticio de “Augusto” y hoy tiene 85 años.

La ansiedad es en una de las enfermedades de la que menos se habla, pero puede ser tan dañina y debilitante como la depresión, aunque no sean la misma cosa. Sin embargo, puede llevar a una depresión severa si no es tratada o directamente a un estado suicida como Augusto.

La ansiedad va reduciendo tu vida e incrementando tus miedos. Padeces de miedo a la muerte, miedo a un infarto, miedo a la noche, a distanciarte de casa y luego miedo al miedo y así vas metiéndote en una burbuja asfixiante llena de aflicción y angustia. Ni hablar de las sudoraciones frías, las taquicardias y la falta de sueño.

Este trastorno es muy común en nuestro mundo moderno. En Europa se reportaba en el 2017 que sesenta millones de personas lo padecían. En Estados Unidos cuatro de cada 10, y era tanta la medicación utilizada en los jóvenes, que hasta se los llama "La Generación Xanac". Pero esto también ocurre en Paraguay, no se cuenta con estadísticas precisas de pacientes, y la enfermedad es sobre medicada, y casos suicidas son tratados mayormente en las iglesias en silencio, antes que tratada con un psicólogo.

Lo que no se debe hacer con este trastorno es auto medicarse, como tomarse la pastilla del vecino o de los padres, porque la dosis correcta para uno puede ser demasiado para otro, o para un anciano, o puede producir terribles efectos colaterales, hasta la muerte. Otro punto que entender es que los psicólogos no pueden recetar, se efectúan terapias con ellos y existen varios tipos, pero los psiquiatras son los que prescriben el medicamento, de acuerdo a las circunstancias.

A veces, los psiquiatras recetan al paciente con ansiedad pastillas para dormir y tranquilizantes como las benzodiazepinas, algunos son el Xanax o el Clonazepam, hipnóticos sumamente fuertes, pero muy adictivos si no se tratan con cautela.

Ellas ayudan, pero su utilización debe ser puntual. Por ello deben ser utilizadas por un periodo no mayor al de 2 semanas, ante la vigilancia estricta de un médico. Ese es otro motivo por el cual no hay que auto medicarse, o se cambia ansiedad por adicción.

Por otro lado los antidepresivos, que son otro tipo de medicamentos, pueden ser utilizados por mayor tiempo como uno o dos años y luego se va reduciendo de manera gradual, pero esto de nuevo depende del tipo de trastorno (alguien con trastorno bipolar por ejemplo, tal vez necesite de antidepresivos toda su vida).

Con la ansiedad tenemos una preocupación descontrolada, inmanejable, que nos aflige a tal grado y de manera tan constante que experimentamos terribles sensaciones físicas, mentales y emocionales. Deseamos apagar esa voz que nos atormenta, pero no podemos hacerlo y como en el caso de Augusto, mientras más se preocupaba por su familia luego de su muerte, más deseaba acelerar aquel momento, para acabar con su preocupación desmedida.

Es que la ansiedad es un auto sabotage, como un perrito que corre en círculo persiguiendo su propia cola o queremos salir corriendo del colectivo cuando nos aturde, pero llevamos la aflicción en nuestros zapatos, por eso el que padece de ansiedad, piensa generalmente que se está volviendo loco y se asusta aún más.

Por otro lado, un estado suicida no dura un día, puede durar semanas, a veces hasta meses. De allí que es muy peligroso cuando se guarda silencio, porque llega el día en el que la persona finalmente lo intenta y a veces, ese intento está tan bien calculado que tienen éxito la primera vez. Aunque un reporte en Inglaterra mencionaba que la mayoría tenía intentos fallidos, a veces hasta intentaban en varias ocasiones, y a veces se rendían a vivir. Con tratamiento se recuperaban de su trastorno mental para desarrollar vidas felices.

La ansiedad, el estrés crónico no solo lo padecen personas muy jóvenes o adultos de mediana edad, le puede ocurrir a cualquier persona transitando otros ciclos de vida.

Por ello, debemos hablar de problemas mentales, ellas no deben ser un secreto de familia, o un susurro al capellán de la iglesia. Todos necesitamos entender mejor sobre ellas y disminuir el miedo a asistir al psicólogo cuando lo necesitamos.

Al preguntarle a Augusto sobre qué le sugerían las personas de su entorno durante aquel periodo, él me respondió.

Un familiar me dijo que yo tenía todo, que no debía padecer estas cosas. Otro me sugirió confesarme, y finalmente otro disparate que escuché fue que tenía que tomar mucha cerveza helada y luego acostarme a dormir.

El alcohol es el peor remedio para este problema, lejos de curarlo, lo exacerba o de nuevo, cambiamos un problema por otro.

Doraliz Aranda es una especialista en estrés organizacional y escritora con dos libros publicados sobre salud mental, desde la perspectiva de una paciente. Aboga por la mayor concientización sobre Bienestar y Salud Mental en nuestra vida personal y laboral. Para más información visita www.doralizaranda.com

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