"La llave" ahora está disponible en Asunción.

En el 2014 experimentaría el lado siniestro de la depresión, con el nacimiento de mi hija. Depresión, una enfermedad que pocos entienden y que es padecida por muchos en el mundo.

Mi periodo con la enfermedad duró ocho meses, en el que estuve con altas y bajas e ideas suicidas, ese fue el periodo crítico para mí. Allí escuché todo tipo de sugerencias, provenientes de mis familiares y amigos que me hicieron entender que la gente no tiene ni idea de lo difícil que es la enfermedad para quienes lo padecemos y que el problema no se soluciona con sólo sonar los dedos y cambiar de pensamiento, porque el cerebro está realmente enfermo.

Es como diciendole a alguien que tiene la pierna rota "Vete a casa, piensa positivo y te vas a curar".

A mi me decían “tenés que superar ya tenés una hija ahora”, “hacé pasar nomás”, “incrementa tu vida sexual”, y así fui escuchando más y más palabras que lejos de ayudarme, me hacían sentir más incomprendida, aislada y atrapada en mi situación.

El origen de la depresión puede ser químico, como los grandes cambios hormonales en el cuerpo que yo estaba experimentando luego el puerperio, también puede ser detonado por una enfermedad de largo plazo que le hace sentir al paciente abrumado con el desafío de convivir con su enfermedad. Un medicamento también puede cambiar los químicos del cerebro y llevar a una depresión.

Por otro lado, el medio ambiente o las situaciones que estamos viviendo pueden también llevarnos a la enfermedad como la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, un trabajo en un ambiente difícil, también la jubilación ante tanto tiempo de ocio, un divorcio o la separación de una persona a quien amamos, problemas financieros y muchas otras situaciones.

Los seres humanos somos un fino equilibrio entre inteligencia, cuerpo y emociones. Un cambio brusco en cualquiera de nuestras circunstancias puedes llevar a problemas en nuestra salud mental.

El grave problema es que al no entender de que la depresión se trata de una enfermedad seria, venimos con el tipo de recomendaciones que yo escuchaba. Pero también, el lado siniestro de la depresión es el silencio. Las personas que mantienen su problema en secreto y así llegamos al suicidio y a los comentarios en los funerales de “no sabíamos lo mal que estaba”. Pero las personas hablan sólo cuando saben que van a ser escuchadas y piden ayuda cuando saben que van a ser auxiliadas.

Sin embargo, muchos familiares tampoco saben cómo ayudar, luego del abrazo y de las palabras de cariños, se preguntan “¿Y ahora qué hago?”.

Mi periodo de recuperación me llevó dos años y escribí un diario día a día de lo que hacía y así fue escribiendo lo que más tarde sería un libro llamado “La Llave”, un libro lleno de esperanzas, en el que le muestro la puerta de salida a los pacientes que padecen de ansiedad y depresión, con información médica actualizada sobre la neuroplasticidad del cerebro, la neurogénesis, los nutrientes para el cuerpo y el alma, vida espiritual y muchas otras sugerencias que son muy buena terapéutica para este problema.

Pero también indico a los familiares y amigos sobre cómo ayudar y qué hacer.

Accede al libro en la librería del Colegio Salesianito “Librería Don Bosco” (en Tte. Fariña y Capitán Figari). Para descargar las versiones digitales se encuentran en www.doralizaranda.com

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